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LA SALUD ES UNA CONSTRUCCIÓN

La Salud es un Trabajo. Es el resultado de una tarea previa. El producto efecto de una elaboración psíquica. 

Y es que no de cualquier forma vamos a sentirnos bien. En este sentido tampoco a la enfermedad se llega así como así. La enfermedad también necesitó de un tiempo, un período de construcción, de cierta “dedicación”; es decir, también conllevó  un trabajo previo. Lo que ocurre es que la palabra trabajo, a base de una política de mala fe, ha ido imbuyéndose de una acepción peyorativa. Cuando lo cierto es que si existiese ese término llamado “la felicidad” ésta se hallaría en el camino del trabajo (parafraseando al poeta cubano José Martí ) 





El trabajo es el medio por excelencia con el que cuenta el ser humano para la transformación. El trabajo, en definitiva, es lo que provocará ese cambio de estado necesario, aunque… no siempre, “en el fondo”, deseado. Me refiero a que a veces las personas acuden a la terapia con la idea de que se les quite el dolor, pero dejándoles como están ¿Puede haber cura sin transformación? Nosotros sabemos que eso no es posible. Que el síntoma no es sinónimo de enfermedad. Que incluso la desaparición del la sintomatología, expresada en múltiples formas de dolores de cuerpo y “alma”, no significa que ese mal que provoca el mal-estar se halla esfumado. No, la cura no es una mera ausencia de dolor; este desaparecerá, obviamente, pero como efecto de un cambio estructurante: un cambio de mentalidad. No es posible cambiar sin cambiar. 

La aparición del psicoanálisis supuso una ruptura epistemológica. Psiquismo ya no será más igual a conciencia. Lo cual dará lugar a un saber inédito sobre el ser humano, aportando una perspectiva nueva sobre el aparato psíquico y su funcionamiento 

La enfermedad se produce por un conflicto psíquico

Todo síntoma posee un sentido y éste se halla estrechamente enlazado a la vida psíquica del enfermo” (Freud)

  Éste fue el gran hallazgo clínico del psicoanálisis. Descubrimiento que traerá como consecuencia modificar “la mirada” que se venía teniendo con respecto al padecer humano. El tratamiento, por tanto, cambiará de perspectiva. Y cambiará porque semejante axioma científico en el campo de la salud subvertirá la posición del sujeto en relación a su dolor. El encuadre clínico-médico tradicional, donde el paciente adoptaba un papel pasivo doble: frente al terapeuta y frente a su propio malestar, se modificará. A partir de ahora cada cual deberá hacerse cargo de ese dolor suyo ¿Cómo? Subjetivándolo. Poniéndose manos a la obra. Permitiendo que lo nuevo como creación sustituya los viejos modos de “estar en el mundo” para que dejen de molestar (…)

El conflicto psíquico es una característica del aparato anímico que tiene que ver con las diferentes “localidades” del mismo. Deviene patológico debido a unas condiciones particulares, donde lo que “enferma” al sujeto es la intensidad y frecuencia con la que se combinan ciertas magnitudes psíquicas. Lo cual no permite distinguir entre cerebros sanos de otros que no lo son, en tanto en cuanto no existe diferencia cualitativa que nos haga establecer distinciones entre mentes normales y anormales. Y es que dentro de la “revolución copernicana” que supuso la teoría del inconsciente el conflicto se considerará constitutivo del ser humano. Por establecer una analogía, ocurre lo mismo con la tristeza como paradigma: no toda tristeza es patológica; a veces, incluso es señal de salud. Por consiguiente sería un grave error confundir, como lamentablemente suele suceder, el duelo con la melancolía, el proceso de elaboración que conlleva la pérdida con la depresión. Tampoco los celos “en sí” son enfermizos, negativos. No se dejen engañar por discursos seductores fundamentados en  binomios capciosos tipo positivo/negativo o bueno/malo, de lo contrario terminarán creyendo que solo hay estados “puros” en el psiquismo. Y no es así: hay amor y hay odio (aunque sea poquito), hay alegría y tristeza, rivalidad, ambiciones, dolor de existir… hay un jugoso combinadito de ingredientes de distinto colorido; no, no conviene ser radical. Cuídense de las mil caras de la sombra del fanatismo que acecha detrás de ciertos ideales.




Que el síntoma tenga un sentido, que las cosas no ocurran porque sí, lleva implícito un compromiso. La implicación del sujeto con respecto a su padecer: inhibiciones, síntoma, angustia... Y ya que los síntomas son una solución de compromiso, un pacto - un tanto chapucero -  entre el deseo inconsciente y las exigencias defensivas, semejante implicación por parte del sujeto requiere un compromiso muy particular: la decisión de querer saber. ¿Saber sobre qué? Sobre un saber que no se sabe, sobre mi deseo con mayúsculas. Algo que a menudo va acompañado de miedo. Sí, solemos temer lo que deseamos. De no ser así, no existirían esos conflictos. Conflictos que habitualmente sacamos afuera mediante un mecanismo conocido como proyección, que consiste básicamente en echar balones lejos de nuestro alcance.

Entonces, si hay algún “enemigo”, en no sé que lugar, éste nos habita. El extranjero contra el que desplazamos y proyectamos nuestra agresividad en forma de violencia es un otro de carne y hueso elegido como coartada. Aunque ya se sabe: el que se excusa se acusa (y viceversa) Debería ser al Otro (discurso) al que le plantásemos cara, al que nos encarásemos, a través de la palabra, para de esta forma desvelar las combinaciones  lingüísticas en las que permanecemos atrapados, para  descubrir las frases que nos alienan hasta desdibujarnos, aquellos  fantasmas que tienen secuestrada nuestra subjetividad,  puesto que en el decir del Dr. Lacan, el inconsciente, ese Otro de , está estructurado como un lenguaje.

Una actitud responsable, por consiguiente, sería aquella que partiendo de la oportunidad que nos brinda el malestar: el síntoma como señal, como enigma a descifrar, como ese cachito de significante de una verdad reprimida, se transformara en una pregunta que envuelva al sujeto que padece en su padecimiento.

La salud como el amor son dos propuestas responsables que necesitan de un cuidadoso trabajo. No de cualquier forma nos encontraremos bien. No todo “te quiero” es sinónimo de amor. Es por ello que creer en el concepto inconsciente es una cuestión ética

NOTA:

- CHARLA-COLOQUIO (RESUMEN)
 

   LA SALUD COMO DECISIÓN INTERNA: UNA CUESTIÓN ÉTICA

    Celebrado el pasado viernes 15 de Abril a las 19´30h. En librería "La biblioteca de BABEL" (Palma, Spain)

José García



José García Peñalver (34) 871 948 901 © 2008            
Psicólogo Clínico – Psicoanalista josegarcia@psicoanalisispalma.com